Elegir bien el vino cambia por completo una comida. Da igual si organizas una cena en casa, si sales a un restaurante o si te preparas algo tranquilo a solas: el maridaje adecuado realza los sabores del plato y los del vino a la vez, y convierte la mesa en algo agradable y memorable.
Los principios básicos del maridaje
Los platos ligeros, como una ensalada o unos mariscos, piden vinos ligeros: Sauvignon Blanc o Pinot Grigio. Los más contundentes, como un buen corte de carne o un cordero, piden Cabernet Sauvignon o Syrah.
Un vino con acidez limpia los platos grasos y untuosos con un contraste refrescante. Las salsas de tomate o las recetas con cítricos maridan bien con vinos de acidez parecida.
Un Riesling dulce baja el fuego de un plato picante; una Chardonnay mantecosa se pone a la altura de una salsa cremosa.
Los maridajes tradicionales de una misma región llevan siglos afinándose: vinos italianos con cocina italiana, vinos franceses con cocina francesa.
El vino frente a cada cocina
Italia: un Sangiovese, con su acidez viva y sus taninos moderados, va de maravilla con las pastas de tomate, sean unos espaguetis a la boloñesa o una lasaña; su cereza y sus notas herbales acompañan la parte sabrosa del plato. Para un fettuccine Alfredo bien cremoso, la textura mantecosa y el punto de vainilla de una Chardonnay igualan la untuosidad sin taparla.
Francia: con un coq au vin, el clásico es un Pinot Noir de Borgoña: fruta roja y notas terrosas junto al pollo estofado y los champiñones. Con una bisque de langosta, la textura sedosa y los aromas florales de un Viognier acompañan ese aire de lujo del plato.
Asia: un Riesling semiseco funciona muy bien con platos picantes como un curry verde tailandés o un pollo Kung Pao; ese punto dulce y la acidez alta equilibran el fuego. Con sushi o sashimi, un Sauvignon Blanc afilado realza el sabor delicado del pescado sin taparlo.
México: un Zinfandel, con su fruta madura y su pizca de pimienta, le queda bien a una carne asada o a unas enchiladas: la fruta frente al ahumado y las especias. Para un ceviche, más ligero, los cítricos y la acidez alta del Sauvignon Blanc acompañan ese frescor ácido.
Cómo experimentar
Empieza por los vinos que ya te gustan y pruébalos con platos distintos. Juega con los contrastes: dulce contra picante, acidez alta contra untuosidad. Lleva un cuaderno de maridajes con lo que funcionó y por qué. Organiza una cena de maridaje en la que cada invitado traiga un plato y una botella. Prueba estilos diferentes: los espumosos acompañan lo mismo unas entradas que un postre. Y déjate sorprender: a veces el maridaje más improbable termina siendo el favorito.
Sube de nivel con Wine Pro
Escribe qué vas a servir y recibe recomendaciones de vino a la medida del plato. Pide maridajes poco convencionales que jueguen con el contraste. Deja que Wine Pro revise la carta de vinos del restaurante y te diga qué encaja mejor con lo que acabas de pedir. ¿Preparas una cena? Escribe el menú y recibe un maridaje para cada plato.
«El mejor maridaje es el que más te gusta. No tengas miedo de experimentar y de divertirte por el camino.»